

Percepciones comunitarias y sostenibilidad del turismo en los Uros
Community perceptions and tourism sustainability in the Uros
Turismo y Patrimonio
Universidad de San Martín de Porres, Perú
ISSN: 1680-9556
ISSN-e: 2313-853X
Periodicidad: Semestral
núm. 25, 2025
Recepción: 01 junio 2025
Aprobación: 12 agosto 2025
Para citar este artículo:: Cayo-Velásquez, N. E. (2025). Percepciones comunitarias y sostenibilidad del turismo en los Uros. Turismo y Patrimonio, 25, 43-57. https://doi.org/10.24265/turpatrim.2025.n25.03
Resumen: Esta investigación explora las percepciones de sostenibilidad del turismo comunitario en las islas flotantes de los Uros, ubicadas en el lago Titicaca (Puno, Perú), a partir de un enfoque cualitativo interpretativo de corte etnográfico centrado en la experiencia vivida de los propios actores locales. Se realizaron entrevistas semiestructuradas y observación participante con veinte pobladores, cuyos relatos se analizaron mediante la codificación temática abierta, axial y selectiva, garantizando credibilidad y confirmabilidad. Se identificaron siete categorías emergentes que revelan tensiones entre el deseo de participar y la exclusión, la preocupación por el cuidado del lago, una ética de sostenibilidad basada en el respeto mutuo y la justicia, el sentido de apropiación del proceso turístico, los impactos en la cotidianidad, la folclorización que convierte el territorio en «postales» prefabricadas y que el turismo comunitario solo puede ser verdaderamente transformador cuando involucra activamente a sus habitantes, respeta el equilibrio ecológico y fortalece su identidad, consolidándose como una herramienta digna de bienestar para quienes cuidan este singular entorno. La sostenibilidad, en este contexto, fortalece la implicación comunitaria, el reconocimiento de saberes locales y la corresponsabilidad en la gestión, que son claves para avanzar hacia un turismo más justo, digno y respetuoso con la identidad y el territorio de las islas de los Uros.
Palabras clave: Turismo comunitario, sostenibilidad, percepciones locales, participación comunitaria, Uros.
Abstract: This research explores perceptions of the sustainability of community-based tourism on the floating islands of the Uros, located on Lake Titicaca (Puno, Peru), using an interpretive qualitative ethnographic approach focused on the lived experience of local stakeholders. Semi-structured interviews and participant observation were conducted with twenty residents, whose stories were analysed using open, axial, and selective thematic coding, ensuring credibility and confirmability. Seven emerging categories were identified that reveal tensions between the desire to participate and exclusion, a concern for the care of the lake, an ethic of sustainability based on mutual respect and justice, a sense of ownership of the tourism process, impacts on everyday life, a folklorization that transforms the territory into prefabricated «postcards», and the recognition that community-based tourism can only be truly transformative when it engages its inhabitants, respects the ecological balance, and strengthens their identity, consolidating itself as a worthy tool for the well- being of those who care for this unique environment. Sustainability, in this context, strengthens community involvement, the recognition of local knowledge, and shared responsibility in management, which are key to moving toward a more equitable, dignified, and respectful tourism approach to the identity and territory of the Uros Islands.
Keywords: Community-based tourism, sustainability, local perceptions, community participation, Uros.
Introducción
El turismo comunitario ha sido promovido a nivel global como una alternativa al turismo convencional, con la promesa de generar beneficios económicos directos para las comunidades anfitrionas, fortalecer su identidad cultural y fomentar la conservación de los ecosistemas locales (Jackson, 2025; Krittayaruangroj et al., 2023). Asimismo, contribuyen a la inclusión social, la redistribución de beneficios y la reafirmación cultural y ambiental, alineándose con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU (Guerrero-Moreno & Oliveira-Junior, 2024), pero también es posible que genere desigualdades internas, desgaste ambiental y pérdida de autonomía si no se gestiona con claridad y participación (Afenyo-Agbe & Mensah, 2022; Prakoso et al., 2020; Zielinski et al., 2020). Por ello, esta investigación se ha centrado en las percepciones de las comunidades locales como herramienta para comprender los significados que las comunidades otorgan al turismo, lo cual permite evaluar su pertinencia y sostenibilidad desde abajo, y no solo desde parámetros técnicos o institucionales.
En ese sentido, el estudio de las percepciones de las comunidades locales resulta clave para entender cómo los actores comunitarios experimentan, interpretan y valoran los cambios que el turismo genera en su vida cotidiana; por tanto, ignorar estas voces puede conducir a diagnósticos incompletos e intervenciones que, lejos de empoderarlas, terminan reproduciendo relaciones de poder desiguales y formas de exclusión cultural (Mulya, 2020). En efecto, analizar de manera articulada las percepciones locales y la sostenibilidad del turismo permite identificar cómo distintos grupos dentro de la comunidad, tales como mujeres, jóvenes o adultos mayores, experimentan el turismo de diferentes maneras, ya sea según su rol social o nivel de participación. También revelan que, detrás de los beneficios visibles, pueden surgir disputas internas por el acceso a recursos, conflictos por la toma de decisiones o incluso sentimientos de exclusión. Como advierten Brooks et al. (2023), sin una gestión comunitaria clara y equitativa, el turismo puede convertirse en una fuente de fragmentación en lugar de cohesión. Por consiguiente, estas perspectivas subrayan que la sostenibilidad cultural del turismo no se garantiza sin escuchar y reconocer las percepciones locales; cabe señalar que invisibilizar esas voces no solo margina, sino que también distorsiona, transformando la riqueza de las prácticas vivas en espectáculos prefabricados que refuerzan lógicas de desigualdad.
Desde una perspectiva ética, reconocer y valorar las percepciones de las comunidades no es únicamente una estrategia metodológica acertada; es, sobre todo, un acto de justicia; por lo tanto, implica reconocerlas como legítimas portadoras de conocimiento, experiencias y derechos. Este enfoque se alinea con principios fundamentales como la autodeterminación de los pueblos, el respeto a la diversidad cultural y la equidad en los procesos de desarrollo (OMT, 2023). Por lo tanto, la articulación entre percepciones locales y sostenibilidad en el turismo comunitario representa un campo estratégico de estudio para comprender las verdaderas dinámicas del turismo en contextos rurales (Ayorekire, et al., 2022).
Es preciso mencionar que las Islas Flotantes de los Uros, construidas artesanalmente con totora sobre las aguas del lago Titicaca, constituyen un símbolo viviente de resistencia cultural y adaptación ecológica en los Andes peruanos. Sin embargo, el creciente flujo turístico a las islas plantea interrogantes sobre el impacto real de esta actividad en la vida cotidiana de los Uros. ¿Hasta qué punto el turismo está contribuyendo efectivamente a mejorar su calidad de vida? ¿Se están respetando y preservando sus formas de organización, saberes ancestrales y medioambiente?
¿Cuáles son las percepciones de los propios pobladores respecto a estos cambios? Estas preguntas configuran el núcleo del problema de investigación: la necesidad de comprender las percepciones locales sobre los efectos del turismo comunitario y su relación con la sostenibilidad social, cultural, económica y ambiental.
La relevancia de esta investigación radica en que, si bien el turismo comunitario ha sido promovido como una alternativa al turismo convencional, sus efectos concretos no siempre han sido evaluados desde la perspectiva de los actores locales. En el caso de los Uros, esta mirada resulta fundamental, no solo por la fragilidad de su ecosistema y su cultura material e inmaterial, sino también por los riesgos de folclorización, instrumentalización cultural y dependencia económica que puede acarrear un turismo mal gestionado (Brooks et al., 2024; Cayo, 2022). Por ende, el objetivo de esta investigación fue explorar las percepciones que tienen los pobladores de las Islas Flotantes de los Uros respecto a los efectos del turismo comunitario en su entorno, y se busca aportar elementos para una reflexión crítica sobre los modelos de turismo que se aplican en contextos indígenas y rurales del Perú.
Marco teórico
Turismo comunitario
El turismo comunitario (TC) surge como un modelo en el que las comunidades locales pasan de ser meros receptores de visitantes a convertirse en actores centrales de toda la experiencia turística, es decir, asumen el control pleno de todas las etapas del proceso turístico, desde la planificación de rutas y experiencias, la gestión operativa y financiera, hasta la evaluación de impacto. Así, las decisiones se toman de manera participativa y democrática, y se prioriza la sostenibilidad cultural (preservación de saberes y tradiciones), la responsabilidad ambiental y la justicia social (Nurhadi et al., 2022; Prakoso et al., 2020). Tal como sostienen Scheyvens et al. (2021), es fundamental que el control del proceso turístico permanezca en manos de la comunidad, para asegurar que el desarrollo responda a sus prioridades, valores y formas de organización.
En este modelo, los habitantes diseñan experiencias auténticas basadas en sus saberes, tradiciones y prácticas cotidianas, con el objetivo de crear ingresos justos y proteger su patrimonio cultural y natural (Krittayaruangroj et al., 2023; Ngo & Creutz, 2022). Además, para entender el impacto real del TC en la sustentabilidad, Liu et al. (2024) propusieron un marco integrado que combina tres dimensiones clave: la participación comunitaria, la viabilidad económica y la sostenibilidad ambiental; según este enfoque, solo cuando las decisiones se toman de manera compartida, los proyectos generan ingresos estables y se minimizan los impactos negativos en el entorno, logrando así un equilibrio que favorece tanto a la comunidad como al ecosistema (Liu et al., 2024). A pesar de sus beneficios, el TC enfrenta retos significativos, tales como la desigualdad interna en la distribución de ganancias, la folclorización de las prácticas culturales y la falta de marcos claros de gestión. En ese sentido, Abreu et al. (2024) recomiendan fortalecer las capacidades locales mediante formación y liderazgo, diseñar mecanismos transparentes de reparto de ingresos y alinear las iniciativas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para garantizar que el turismo sea rentable, justo y respetuoso con las comunidades.
Turismo de base comunitaria
El turismo de base comunitaria (TBC) surge de la idea de quienes conocen mejor un territorio; en ese sentido, se define como aquel en el que la comunidad local participa activamente en la oferta de servicios, guías, alojamiento, artesanías y distribución de los beneficios. De esta manera, se persigue el empoderamiento económico, el fortalecimiento del tejido social y la conservación del patrimonio cultural (Abreu et al., 2024). Sin embargo, aunque el TBC promueve el empoderamiento económico, en la práctica muchas iniciativas operan dentro de marcos diseñados por organizaciones externas, como organizaciones no gubernamentales (ONG), empresas o autoridades (Scheyvens et al., 2021). Esto significa que, si bien la comunidad ejecuta servicios y recibe parte de las ganancias, las decisiones estratégicas, como el diseño de rutas, la fijación de precios o la inversión de excedentes, suelen depender de actores ajenos (Krittayaruangroj et al., 2023; Ngo & Creutz, 2022). En esos casos, el empoderamiento real se ve limitado, pues las aspiraciones de las comunidades quedan supeditadas a las exigencias y criterios técnicos o empresariales que pueden contradecir las prioridades de la propia comunidad (Abreu et al., 2024).
Percepciones locales
Las percepciones locales se entienden como los marcos interpretativos que los habitantes utilizan para valorar las experiencias y los impactos del turismo en su vida cotidiana (Godovykh et al., 2025). Por consiguiente, estas percepciones son construcciones sociales cargadas de significado que reflejan no solo opiniones y expectativas individuales, sino también procesos colectivos que evidencian las tensiones, expectativas y aspiraciones. Atender esas voces revela las tensiones que no aparecen en los informes oficiales, como la folclorización de la cultura o la desigualdad en la redistribución de beneficios (Zielinski et al., 2020). Igualmente, ayuda a situar la sostenibilidad como un proceso ético y participativo que une la cultura, la ecología y la economía desde la vida diaria de la comunidad. De igual manera, Supina et al. (2025) afirman que entre los determinantes más fuertes de las percepciones locales se encuentran las actitudes ambientales y el grado de vinculación afectiva con el territorio. Cuando las comunidades perciben que el turismo respeta sus recursos naturales y refuerza su sentido de identidad, las actitudes tienden a ser favorables; en cambio, cuando predominan temores de degradación o pérdida cultural, emergen reacciones de rechazo (Jackson, 2025; Oltean et al., 2025).
Metodología
Esta investigación adoptó un enfoque cualitativo e interpretativo, que reconoce la realidad social como una construcción subjetiva, mediada por significados, contextos y experiencias vividas. Desde esta perspectiva, conocer las percepciones de los pobladores de las Islas Flotantes de los Uros respecto al turismo comunitario exige una aproximación empática, situada y respetuosa de sus voces. El interés se centró en comprender el sentido que las personas asignan a su realidad y cómo experimentan los cambios derivados del turismo en su cotidianidad (Creswell & Poth, 2018).
En el estudio se optó por un diseño cualitativo de tipo etnográfico, ya que el propósito principal fue comprender en profundidad las vivencias y valoraciones que los Uros tienen sobre el turismo comunitario, desde sus propias narrativas y prácticas sociales. La etnografía, en este caso, no se limitó a la descripción de costumbres, sino que fue entendida como un proceso de diálogo intercultural (Hammersley & Atkinson, 2007).
Para recoger la información, se combinaron dos herramientas fundamentales: entrevistas estructuradas y observación participante, durante cuatro semanas entre los meses de junio y julio de 2024. Se entrevistaron al azar a veinte personas adultas (hombres y mujeres) residentes en distintas islas de los Uros, se procuró diversidad generacional, ocupacional y de experiencias turísticas, y se tomó en cuenta la disponibilidad, la voluntad de participar y la relevancia de su experiencia. Asimismo, se aplicó el criterio de saturación teórica, es decir, se detuvo la recolección cuando los relatos comenzaron a repetirse en temas clave.
El análisis de la información se realizó mediante codificación temática, siguiendo las fases de codificación abierta, axial y selectiva propuestas por Strauss y Corbin (2002). Es decir, el proceso consistió en identificar unidades de significado, agrupándolas en categorías y estableciendo relaciones conceptuales entre ellas. El análisis fue inductivo, permitiendo que las categorías surgieran directamente del discurso de los participantes, sin imponer marcos analíticos previos.
Por otro lado, a fin de garantizar la validez y el rigor cualitativo, se aplicaron los criterios de credibilidad, transferibilidad, dependencia y confirmabilidad planteados por Lincoln y Guba (1985), con estrategias como la triangulación, la validación con participantes y la reflexión crítica del investigador. La metodología fue, también, un acto de respeto y cuidado, que priorizó la escucha auténtica por encima de la recolección mecánica de datos.
Resultados y discusión
A continuación, se presentan fragmentos representativos de las entrevistas realizadas, seleccionados por las categorías emergentes identificadas en el análisis. Aunque solo se incluyen citas directas de algunos participantes, el análisis se fundamenta en el conjunto de las veinte entrevistas efectuadas, cuyas narrativas fueron codificadas e interpretadas de manera integral, de acuerdo con los principios de la teoría fundamentada (Strauss & Corbin, 2002). Esta estrategia permite captar la riqueza de significados y la diversidad de experiencias existentes en la comunidad, sin perder el foco en los temas centrales que estructuran el fenómeno estudiado.
| Código de participante | Edad aproximada | Género | Ocupación principal | Isla de residencia |
| P01 | 28 | F | Artesana | Huacaviri |
| P02 | 35 | M | Pescado | Toranipata |
| P03 | 42 | F | Guía turística | Capi |
| P04 | 39 | M | Lanchero | Titino |
| P05 | 33 | F | Artesana | Ccapi Chico |
| P06 | 50 | M | Líder comunal | Kapi uta |
| P07 | 47 | F | Comerciante | Qhana |
| P08 | 60 | M | Tejedor | Santa María |
| P09 | 24 | F | Estudiante | Los uros |
| P10 | 55 | M | Artesano | Toranipata |
| P11 | 31 | M | Anfitrión turístico | Ccapi |
| P12 | 40 | F | Productora textil | Kapi uta |
| P13 | 36 | M | Barquero | Qhana |
| P14 | 52 | F | Vendedora | Huacaviri |
| P15 | 30 | M | Pescador | Titino |
| P16 | 29 | F | Anfitriona turística | Santa María |
| P17 | 45 | M | Constructor de islas | Toranipata |
| P18 | 38 | F | Cocinera | Capi |
| P19 | 41 | M | Promotor cultural | Capi |
| P20 | 26 | F | Tejedora | Kapi uta |
Conocer el perfil de quienes participaron en esta investigación nos permite ir más allá de los números o las categorías ocupacionales. Uno de los aspectos que más ha llamado la atención al revisar las ocupaciones fue la forma en que se asumen según el género; las mujeres entrevistadas están profundamente vinculadas a tareas como la artesanía, el tejido, la cocina, la atención al visitante y la venta de productos, las cuales no son solo oficios, sino expresiones culturales cargadas de memoria y tradición. Por su parte, los varones desempeñan roles relacionados con el transporte, la pesca, la construcción y la representación comunal; son quienes guían, manejan lanchas, construyen las islas o lideran procesos. Estas diferencias no son necesariamente rígidas, pero sí reflejan una distribución tradicional de tareas que se mantiene aún con los cambios que trae el turismo.
Otro aspecto importante que se ha observado es que hay islas que parecen especializarse en ciertas actividades, por ejemplo, en Kapi Uta encontramos a promotores culturales, líderes y tejedoras que han asumido una función más organizativa. En Toranipata y Titino predominan los oficios relacionados con la pesca y la construcción, lo que refleja un perfil más productivo y operativo. Mientras que en Huacaviri, Santa María o Qhana, muchas mujeres se dedican al comercio, a la cocina o al hospedaje, mostrando una dinámica de autogestión muy marcada. Esta diversidad territorial nos recuerda que no todas las islas son iguales, ni en recursos ni en trayectorias; cada una aporta desde su singularidad a un proyecto colectivo que se mantiene a flote, literal y simbólicamente, gracias al trabajo compartido.
Asimismo, la edad de los entrevistados oscila entre los 20 y los 60 años; los adultos mayores suelen estar más vinculados a roles tradicionales o de liderazgo, mientras que los más jóvenes ya incursionan en nuevos espacios como la hospitalidad turística o los estudios técnicos. Para muchos jóvenes, el turismo no es solo una fuente de ingresos, sino también una oportunidad para imaginar un futuro dentro de la comunidad, sin tener que migrar; en sus palabras, hay deseo de permanecer, de innovar y de sentirse parte activa de su propio desarrollo.
Pero, más allá de la ocupación que cada quien declare, el turismo atraviesa la vida diaria de todos los entrevistados. Algunos lo viven como su principal fuente de ingresos; otros, como un complemento a actividades como la pesca o el tejido, pero en todos los casos, el turismo aparece como una red que articula, transforma y también desafía.
Categorías emergentes
A través del análisis de las narrativas de las veinte entrevistas y de la convivencia directa con la comunidad, se siguió un proceso de codificación temática. Primero, se procedió con la codificación abierta, revisando cada fragmento de conversación de las entrevistas para extraer palabras y frases clave como «sentirse excluido», «ganancias desiguales», «actuar para el turista», «falta de consulta» o «cuidar el lago». A partir de allí, se procedió a la agrupación y codificación axial, agrupando aquellas ideas afines en categorías más amplias (por ejemplo, «participación», «sentirse excluido», «falta de consulta», entre otros). Finalmente, se dejó de crear nuevas categorías cuando se comprobó que los temas ya habían aparecido varias veces, garantizando que cada tema emergente estuviera realmente presente en las voces de los entrevistados. En consecuencia, se identificaron siete categorías emergentes, que se presentan en el mismo orden en que aparecieron, tal como se observa en la Figura 1.

Preocupación ambiental
Esta categoría emergente fue la más recurrente en las narrativas: la preocupación por el deterioro ambiental del lago Titicaca, inquietud que surgió con mayor carga emocional, principalmente en relación con el aumento de la actividad turística y la falta de control sobre su impacto. Para los pobladores de los Uros, el lago no es solo un recurso natural, sino una parte viva de su identidad, su historia y su cotidianidad. Como expresaron los comuneros: Sin el lago, no hay isla; si el agua se ensucia, todo se muere (P18). Veo el agua oscura y pienso en mis nietos: ¿qué van a heredar? (P02). Estas afirmaciones revelan una profunda conciencia ecológica, anclada en el vínculo afectivo y simbólico que la comunidad mantiene con su entorno.
Esta relación coincide con lo planteado por Ayorekire et al. (2022), quienes señalan que la sostenibilidad ambiental debe entenderse desde las perspectivas locales, que a menudo combinan dimensiones materiales, espirituales y comunitarias del territorio. En ese sentido, para los Uros, el cuidado del lago no es una tarea técnica ni abstracta, sino una obligación moral hacia las generaciones futuras.
Sin embargo, los testimonios también reflejan una sensación de impotencia frente al aumento de residuos, expresada en opiniones como: el plástico que queda en la orilla me hace sentir que vivimos en un basurero (P10), así como por el tránsito constante de embarcaciones turísticas y la escasa regulación ambiental: me duele ver los aceites de los botes creando manchas en la superficie (P04). Algunos entrevistados manifestaron que, aunque se esfuerzan por mantener limpia su zona, los desechos llegan de otras áreas o se acumulan por la acción de terceros: la basura flota y luego la traen las corrientes a nuestra puerta (P19). Esta preocupación fue compartida en frases como: nosotros cuidamos, pero hay otros que no respetan (P14), lo que muestra la necesidad de una corresponsabilidad ambiental entre todos los actores del destino.
Una de las claves para la sostenibilidad del turismo comunitario es el establecimiento de acuerdos éticos entre las comunidades locales, los visitantes y los operadores, que aseguren el respeto por los recursos naturales y los valores ecológicos del territorio (Scheyvens et al., 2021). En el caso de los Uros, los datos cualitativos muestran que esta ética ambiental ya está presente a nivel comunitario, pero que no siempre es reconocida ni apoyada institucionalmente.
Un modelo de turismo realmente sostenible debe reconocer que los territorios no son infinitos ni neutrales, sino que tienen límites ecológicos y significados culturales que deben ser respetados (Liu et al., 2024). En las voces de los pobladores, esta conciencia se traduce en un llamado urgente a que el turismo, además de generar ingresos, debe asumir su responsabilidad en la protección del lago, al que definen como su «hogar flotante».
Por lo tanto, al mostrar tantas opiniones distintas, queda claro que el cuidado del entorno no es una mención aislada, sino la principal preocupación de la comunidad. En consecuencia, si no se incluyen a las comunidades en las decisiones sobre la gestión del entorno, es poco probable que las políticas ambientales sean efectivas o legítimas. Entre los pobladores de los Uros, esta inclusión sigue siendo un reto, pero también una oportunidad para construir un modelo de turismo donde el cuidado del territorio sea una práctica compartida y no solo un discurso.
Sostenibilidad ética
Uno de los aportes más relevantes que surgen de los relatos recogidos es la presencia de una comprensión comunitaria de la sostenibilidad que no se limita únicamente a los indicadores ambientales o económicos. Sostener el turismo significa mantener un equilibrio que respete no solo la naturaleza del lago o los ingresos familiares, sino también los valores culturales, los vínculos sociales y la dignidad de sus formas de vida. Esta visión integradora se acerca a lo que algunos autores denominan sostenibilidad ética, es decir, una manera de concebir el desarrollo que prioriza el respeto mutuo, la corresponsabilidad y la justicia (Scheyvens et al., 2021).
Los testimonios expresan esta ética comunitaria en frases como: el turista también tiene que respetar, no solo venir a ver (P03), no es solo por dinero, es por nuestra cultura, por nuestra isla (P01). Estas declaraciones muestran una noción de sostenibilidad como compromiso relacional y no solo como estrategia de conservación o rentabilidad. Según Jackson (2025), este tipo de aproximaciones éticas es fundamental para evitar que el turismo se convierta en una fuerza extractiva que empobrece culturalmente a las comunidades anfitrionas, incluso si produce ganancias económicas.
A partir de este enfoque, la sostenibilidad ética implica reconocer que el turismo comunitario no puede desarrollarse sin una base de confianza, diálogo intercultural y distribución justa del poder y los recursos. Zielinski et al. (2020) coinciden en señalar que los enfoques más exitosos de turismo comunitario son aquellos que se construyen desde la reciprocidad, el consentimiento informado y la gestión compartida. En los Uros, esta necesidad de equilibrio se expresa en los dilemas que enfrentan los pobladores al tener que decidir, por ejemplo, hasta qué punto abrir su espacio doméstico o realizar actividades culturales frente a los turistas, en palabras de algunos pobladores: Nos duele que prometan cuidado y luego invadan jardines sin pedir permiso (P20). Si el turista deja basura, nosotros también perdemos (P16) y no basta con ganar dinero; hay que hacerlo bien (P12).
Al contrastar estos resultados, vemos lo que Abreu et al. (2024) sostienen que el turismo comunitario solo contribuye al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible cuando incorpora prácticas honestas y transparentes que respetan tanto a la naturaleza como a las personas. De manera similar, enfatizan la necesidad de articular dimensiones éticas para garantizar que la comunidad no sea objeto de consumo, sino sujeto de derechos.
Sin embargo, cuando estas condiciones éticas no están garantizadas, por ejemplo, cuando se imponen horarios, se presiona para realizar «demostraciones» o se incumplen acuerdos, los efectos del turismo pueden ser vividos como invasivos o degradantes. Esto coincide con lo que señalan Liu et al. (2024), al advertir que la falta de una ética del cuidado y la horizontalidad en las relaciones entre turistas, operadores y comunidades puede llevar al desgaste social y a una pérdida de sentido del turismo como proyecto compartido.
Por lo tanto, hablar de sostenibilidad ética implica poner en el centro a las personas y a sus vínculos; es decir, no se trata de aplicar marcos técnicos, sino de construir acuerdos que honren la diversidad, el territorio y los derechos colectivos. Scheyvens et al. (2021) sostienen que la sostenibilidad solo es posible si las comunidades tienen capacidad efectiva para decidir, proponer y limitar, en función de sus propios horizontes culturales. En el caso de los Uros, esta ética comunitaria ya existe; lo que se requiere es escucharla, fortalecerla y protegerla de las presiones externas.
Apropiación del proceso turístico
Esta categoría revela el anhelo de los Uros; en los relatos recogidos, los pobladores, que están más implicados en la gestión o ejecución de actividades turísticas, tienden a tener una valoración más positiva del turismo y a reconocerlo como una oportunidad de desarrollo personal y colectivo. Este vínculo es instrumental, pero también afectivo y simbólico. Como mencionaron algunos entrevistados: cuando uno ayuda desde el comienzo, también se siente que está haciendo un cambio. Esta frase resume la importancia de la apropiación del proceso turístico como factor clave en la percepción de sus beneficios.
El empoderamiento comunitario está relacionado con el grado de implicación efectiva de los pobladores en las decisiones estratégicas del turismo. Scheyvens et al. (2021) destacan que no se trata únicamente de ofrecer servicios o recibir visitantes, sino de ser reconocidos como actores legítimos, capaces de definir los rumbos del desarrollo local. En los Uros, quienes participaron desde etapas tempranas en la implementación de productos turísticos, o quienes lideran experiencias en sus propias islas, manifiestan una mayor autoestima, sentido de pertenencia y responsabilidad compartida con la actividad.
De acuerdo con Zielinski et al. (2020), la apropiación del turismo ocurre cuando la comunidad participa de forma simbólica y se convierte en coproductora del destino, con capacidad de intervención real sobre su diseño, operación y promoción. Esta apropiación no se impone ni se compra, sino que se construye a partir del diálogo, la formación y el reconocimiento de saberes locales. En este sentido, varios entrevistados subrayaron: queremos ayudar a crear rutas y contar nuestra historia (P09), exigimos ser parte del presupuesto participativo (P19) y cuando el turismo se organiza entre nosotros, hay menos problemas y estamos más contentos (P07). Tales afirmaciones ponen de relieve que la implicación genuina también reduce las asimetrías de poder y promueve la cohesión interna.
Estos resultados permiten contrastar las afirmaciones de Scheyvens et al. (2021), quienes destacan que la apropiación ocurre cuando las comunidades participan en decisiones estratégicas y financieras, lo cual fortalece su autonomía y asegura que los beneficios no se fuguen fuera del territorio.
Ngo y Creutz (2022), por su parte, subrayan la importancia de combinar la participación con capacitación técnica, necesidad que se refleja en la afirmación: Necesitamos capacitaciones para asumir la gestión, no solo servir de comparsa (P16); pues, sin una formación adecuada, los esfuerzos de cooperar pueden verse saboteados por la falta de herramientas de gestión. En este marco, la «apropiación del proceso turístico» no es un lujo, sino una condición de éxito. Solo cuando los Uros sientan que el destino les pertenece, podrán crear experiencias auténticas, distribuir equitativamente los beneficios y proteger su patrimonio cultural y natural.
Impacto en la vida cotidiana
Los relatos recogidos de pobladores revelan que el turismo ha provocado una serie de cambios en sus prácticas cotidianas, relaciones sociales y estilos de vida. Estas transformaciones no se perciben necesariamente como negativas o positivas en su totalidad, sino como experiencias ambivalentes, cargadas de contradicciones. Como expresó una entrevistada: antes teníamos más tiempo para estar con la familia, ahora hay que estar atentos a los horarios del turismo, antes dormíamos con el canto de los pájaros; hoy, con el ruido de los barcos (P15); las actividades escolares cambian de horario cada semana según la llegada de botes (P09); y, a veces, estoy cansada pero la isla está invadida por las voces de los turistas y hay que continuar (P18). Estas afirmaciones muestran cómo la lógica del visitante reconfigura los tiempos, las prioridades y los vínculos comunitarios.
En los Uros, es evidente que los ritmos familiares y comunitarios se reconfiguran alrededor del turismo. Ngo y Creutz (2022) destacan la necesidad de medir la dimensión social de la sostenibilidad, pues las alteraciones en el horario, el uso de espacios comunes y las celebraciones tradicionales afectan el bienestar y las relaciones comunales. De igual modo, Liu et al. (2024) incluyen las rutinas diarias en su marco integrado, señalando que un modelo que no incorpore estos cambios carece de realismo y puede profundizar tensiones sociales.
Desde una mirada más estructural, estas transformaciones pueden ser entendidas como parte del proceso de reconfiguración cultural que conlleva el turismo comunitario, tal como lo afirma Zielinski et al. (2020). El turismo no solo actúa como actividad económica, sino como agente de cambio que introduce nuevos valores, símbolos y formas de relación. Esto incluye desde el uso de nuevas tecnologías para comunicarse con los turistas, hasta cambios en la vestimenta, el idioma o la forma de organizar celebraciones tradicionales. En palabras de una joven entrevistada: Ahora usamos TikTok para mostrar la isla, pero eso también cambia cómo nos vemos entre nosotros (P16).
Estos cambios no se deben analizar en términos de pérdida o autenticidad, sino como procesos negociados, en los que las comunidades adaptan y resignifican sus prácticas en función de sus necesidades, oportunidades y aspiraciones (Scheyvens et al., 2021). En efecto, varios testimonios enfatizan que el turismo también ha traído beneficios simbólicos, como el orgullo de ser reconocidos culturalmente o el deseo de conservar ciertas costumbres para compartir con los visitantes. Este tipo de transformaciones puede fortalecer la autoestima colectiva, en particular cuando se articulan con procesos de participación activa y autodeterminación.
Sin embargo, si los cambios son impuestos externamente o promovidos sin un diálogo previo con la comunidad, es posible que generen fracturas internas y sensación de desarraigo. Algunos pobladores manifestaron que ciertas costumbres se han ido perdiendo o diluyendo debido a la presión por adaptarse al modelo turístico: ya no hacemos nuestras cosas como antes, ahora es más para que el turista vea (P01). Estas percepciones coinciden con lo planteado por Jackson (2025), quien alerta sobre los riesgos de instrumentalizar las prácticas culturales para satisfacer expectativas externas, sin considerar el impacto emocional y social que esto acarrea.
En suma, las transformaciones cotidianas vividas por la comunidad de los Uros son el resultado de una compleja interacción entre las dinámicas del turismo, las estructuras sociales locales y las estrategias de adaptación que cada familia desarrolla. Reconocer esta complejidad permite alejarse de visiones simplificadas y promover un enfoque de turismo que acompañe los cambios desde el respeto, la escucha y la corresponsabilidad.
Folclorización del territorio
Durante las entrevistas realizadas a los pobladores de los Uros, emergió con fuerza la percepción compartida sobre cómo el turismo ha transformado la manera en que se vive y representa el territorio. Varios testimonios expresan que, para recibir a los visitantes, muchas veces se sienten obligados a actuar, repetir discursos, vestir trajes tradicionales o simular actividades culturales que no siempre forman parte de su vida cotidiana. Como relató una de las participantes: hay días en que siento que estoy actuando para los turistas y no como lo hago de verdad (P10), me siento como un actor obligado a enseñar algo que ya no es mi vida (P17). Estos testimonios revelan cómo la demanda turística ha transformado espacios cotidianos en escenarios pensados para la foto, coincidiendo con Zielinski et al. (2020), quienes señalan que esa «postalización» borra la espontaneidad y vacía de sentido los lugares de siempre. Más aún, otro poblador confiesa: La gente viene buscando cosas modernas; para nosotros, nuestra vida, no un espectáculo (P14).
Desde esta perspectiva, el territorio ya no se valora por lo que significa para sus habitantes, sino por su potencial atractivo para el turista. Como lo advierten Zielinski et al. (2020), hacen énfasis en cómo esta estetización del territorio puede generar una pérdida del significado simbólico de los espacios. Lo que antes era un espacio de uso colectivo, funcional y cotidiano ahora se convierte en «el lugar de la foto»; lo que era una casa de totora se transforma en «el punto de la demostración». En este proceso, se pierde la espontaneidad y el sentido profundo de los espacios. Los testimonios recogidos dan cuenta de ello: Antes hacíamos las cosas para nosotros; ahora muchas veces las hacemos porque hay que mostrar (P13).
La folclorización también repercute en el nivel emocional, tal es así que algunos participantes expresaron sentirse incómodos o incluso avergonzados cuando tienen que seguir un guion que no refleja su forma actual de vivir; esta desconexión entre identidad vivida e identidad representada puede provocar una pérdida del sentido de pertenencia y una desconexión con la memoria colectiva del territorio (Guerrero- Moreno & Oliveira-Junior, 2024).
Por ende, la folclorización del territorio simplifica la cultura local para hacerla más atractiva, y también reordena las relaciones de poder dentro de la comunidad, al privilegiar a quienes se adaptan mejor al «modelo representable» y excluir a quienes no encajan en esa imagen. Este fenómeno, lejos de ser solo simbólico, tiene consecuencias profundas en la manera en que las comunidades gestionan su territorio, preservan su cultura y enfrentan los dilemas del desarrollo turístico.
Desigualdad en la distribución de beneficios
Para muchos participantes, el crecimiento de la actividad turística ha generado ingresos, pero de manera desigual, concentrándose en ciertos actores o familias con mejor acceso a los turistas o con mayor visibilidad. En ese sentido, los relatos de los Uros son contundentes al describir cómo las ganancias turísticas llegan a manos de unos pocos, mientras que muchos quedan al margen, lo que se refleja en las opiniones siguientes: algunos ganan más y otros casi nada, eso a veces nos trae problemas, los botes grandes se los llevan otros y nosotros con lo que sobra (P02); mi vecino gana más con una sola familia de turistas que yo en todo un mes (P05); vendo mi totora y apenas cubro el sustento, pero otros venden tours completos (P02), y hay días en que trabajamos igual, pero solo ven el nombre de la cooperativa, no el esfuerzo de nosotros (P08). Esta afirmación no solo pone en evidencia un malestar cotidiano, sino también una brecha estructural dentro de la comunidad que puede afectar seriamente la cohesión social y el sentido de justicia colectiva.
Este fenómeno ha sido ampliamente documentado en la literatura crítica sobre turismo comunitario. Según Zielinski et al. (2020), uno de los principales factores que inhibe la sostenibilidad de este modelo es precisamente la distribución desigual de los beneficios, generando tensiones internas, resentimientos y, en muchos casos, el retiro de algunos actores comunitarios del proceso turístico. Esto se ve agravado cuando no existen mecanismos formales para regular o redistribuir equitativamente los ingresos generados, lo que alimenta la percepción de favoritismo o clientelismo.
En consecuencia, esta desigualdad no solo vulnera la justicia social, sino que erosiona el compromiso de los Uros con el turismo. Para remediarlo, es imprescindible institucionalizar mecanismos participativos de distribución –como asambleas semestrales y catastros de participantes– que vinculen directamente el esfuerzo de cada hogar con los beneficios obtenidos, tal como lo recomiendan Afenyo-Agbe y Mensah (2022).
Participación comunitaria
La participación comunitaria se perfila como una de las categorías más significativas del análisis. Los testimonios recopilados evidencian no solo un involucramiento limitado en la toma de decisiones vinculadas al turismo, sino también un sentimiento generalizado de exclusión simbólica y estructural. Frases como: no siempre nos preguntan cómo queremos hacer las cosas con el turismo… (P03), y a veces organizan todo y nosotros solo hacemos lo que nos dicen (P11). Incluso algunos señalaron que: ni nos informan de los horarios de visita (P06) y sentimos que nuestra opinión no cuenta (P12), revelan que la consulta simbólica no basta cuando las decisiones clave se toman fuera de la comunidad. No expresan simplemente una crítica, sino una experiencia compartida de desarticulación entre las decisiones que se toman sobre el desarrollo turístico y las necesidades, expectativas o propuestas de quienes habitan y sostienen el destino.
Desde una mirada interpretativa, esta exclusión no se percibe únicamente como una ausencia física de los actores locales en espacios formales de deliberación, sino como una forma de invisibilización epistémica. La comunidad Uro siente que su conocimiento, sus tiempos y su forma de organización son desplazados por lógicas externas que privilegian criterios técnicos, empresariales o institucionales. Barbieri et al. (2019) advierten que este tipo de estructuras de dependencia impiden una participación significativa, al tiempo que refuerzan jerarquías que reproducen la exclusión.
Esto coincide con lo planteado por Mulya (2020), quien sostiene que la participación en muchos proyectos de turismo comunitario es más discursiva que efectiva, sirviendo como legitimación simbólica sin permitir una apropiación real del proceso. En ese sentido, los relatos recogidos en los Uros confirman que la participación no se da en igualdad de condiciones, ni representa las voces de todos los sectores. Algunos actores, como varones adultos con cargos comunales o alianzas con operadores turísticos, acceden con mayor facilidad a los espacios de gestión, mientras que mujeres, jóvenes o familias sin vínculos económicos directos con el turismo tienden a ser marginados o simplemente no convocados (Jackson, 2025; Oltean et al., 2025).
A pesar de ello, la comunidad expresa un deseo explícito de mayor protagonismo y corresponsabilidad; no demanda ser informada, sino formar parte activa del diseño, planificación y monitoreo de la actividad turística. Esta demanda coincide con lo que proponen Oltean et al. (2025) y Jackson (2025), cuando destacan que la implicación genuina de la población local no solo mejora la percepción de beneficios, sino que también fortalece el sentido de pertenencia, empoderamiento y sostenibilidad social del modelo.
Conclusiones
El turismo comunitario en las islas de los Uros se revela como un proceso profundamente ambivalente, donde conviven oportunidades de desarrollo económico y cultural con tensiones sociales, simbólicas y ambientales, sin las cuales cualquier modelo carece de legitimidad. Más allá de sus beneficios inmediatos, el turismo transforma los vínculos con el territorio, reconfigura las dinámicas cotidianas y evidencia desigualdades internas que afectan la percepción colectiva sobre su legitimidad. Sin embargo, a través de las voces de la comunidad emerge una ética propia de sostenibilidad, centrada en el respeto, la participación y la corresponsabilidad. Esta investigación demuestra que solo cuando el turismo es desarrollado con implicación activa, apropiación identitaria y equilibrio ambiental, puede convertirse en una herramienta verdaderamente transformadora y digna para quienes habitan y cuidan el territorio.
No obstante, en los casos en los que sí se han creado espacios de participación, varios entrevistados señalan que son poco inclusivos, verticales o esporádicos, lo cual limita la construcción de una gestión democrática. Sin estructuras organizativas sólidas y una horizontalidad real, el turismo puede afianzar desigualdades internas, especialmente cuando prima una lógica capitalista o mercantilista.
Para responder a estas demandas, es imprescindible establecer mecanismos formales de cooperación (asambleas periódicas y comités mixtos), junto con criterios transparentes para la distribución de beneficios, itinerarios y horarios adaptados a los ritmos locales, y acuerdos de corresponsabilidad ambiental que involucren a la comunidad.
En vista de ello, se sugiere realizar investigaciones que incluyan estudios longitudinales para registrar cambios a lo largo de las distintas temporadas, comparaciones con otras comunidades, enfoques mixtos que combinen relatos y datos cuantitativos, y análisis intergeneracionales y de género. Asimismo, conviene evaluar el impacto de talleres de cogestión y programas de capacitación en el empoderamiento real de la comunidad. Solo así será posible avanzar hacia un turismo verdaderamente justo, sostenible y arraigado en las prioridades y el bienestar de los Uros.
Conflicto de intereses
La autora declara no tener ningún conflicto de intereses.
Responsabilidad ética
La autora del presente estudio declara haber seguido todos los procedimientos de responsabilidad ética y haber recabado el consentimiento informado de los entrevistados.
Financiamiento
El presente estudio no contó con ningún tipo de apoyo de financiamiento.
Datos de los autores:
Noemí Emperatriz Cayo-Velásquez
Universidad Nacional del Altiplano, Instituto de Investigación de Desarrollo Andino Amazónico de la UNA, Puno, Perú.
Doctora en Ciencia, Tecnología y Medioambiente por la Universidad Nacional del Altiplano, Perú. Actualmente, es docente-investigadora de la Escuela Profesional de Turismo de la Universidad Nacional del Altiplano, Perú.
noemicayo@unap.edu.pe
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-9690-3006
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Información adicional
Para citar este artículo:: Cayo-Velásquez, N. E. (2025). Percepciones comunitarias y sostenibilidad del turismo en los Uros. Turismo y Patrimonio, 25, 43-57. https://doi.org/10.24265/turpatrim.2025.n25.03

